Con todo cariño, a mi buen amigo Esteban Cristino, que, según él, se vio en las garras de la muerte y consiguió le concediera un permiso para que le contara a los amigos las costumbres de ultratumba
Helo aquí, que de ultratumba
ha llegado,
y, según me ha dicho a mí,
trae permiso limitado.
Esta es la vida de allí.
Escucha bien, Candelario,
tú sabes que yo soy serio,
las costumbres y el horario
que rigen el cementerio.
De la parca soy enlace,
y vengo a darle un consejo
a todo aquel que sea viejo,
que buena falta le hace.
Allí se come y se bebe
y nadie pone la mesa.
No se cobra ni se debe,
el dinero no interesa.
Fuera de la sepultura,
aunque tomes mucho vino,
como vivimos a oscura,
allí nadie pierde el tino.
Aunque te mande la muerte,
de allí no puedes salir
si no te ayuda la suerte
y Domingo quiere abrir.
Son pocos los que volvemos,
no se sufren desengaños
y van pasando los años
y con frecuencia nos vemos.
¿Se trabaja mucho allí?
el poeta ha preguntado.
Allí no existe trabajo
como tú lo ves aquí.
Cristino me ha contestado.
Ni por horas ni a destajo,
no hay inviernos ni veranos,
ni existe julio ni enero.
No hay quien negocie en grano,
ni quien te preste dinero.
De música, ¿Cómo anda aquello?
Te diré unas palabras:
Es magnífico y es bello
bailar la danza macabra.
Aunque somos esqueletos,
en cuanto suena el tambor
todo el mundo es bailador
y nadie se queda quieto.
Cual no sería mi estupor
que oí tocar a maitines
y vi a Pedro “Botines"
que hacía de director.
Con la batuta en la mano,
el que aquí fue zapatero
allí era maestro Serrano
o Jiménez Caballero.
Con que vente Candelario,
arregla bien la maleta,
gasta las pocas pesetas.
Deja ya este calvario.
20 febrero 1941